Seat pone a prueba los componentes de sus vehículos y los somete a temperaturas extremas

De motores al rojo vivo que oscilan de 910 a 40 bajo cero, volantes y consolas en diferentes horquillas de calor

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ActualitatDiària

El pueblo de Oymyakon, en Siberia, con 50 grados negativos, se considera el punto habitado más frío del planeta. La localidad de Al Aziziya, en Libia, con máximas de 57 grados, la zona más cálida del mundo. Para garantizar que un coche pueda circular por lugares con condiciones climáticas tan dispares, las piezas y los prototipos también se someten a temperaturas extremas.  Así varía el termómetro tanto en la fase de desarrollo como en la de fabricación:

Motores al rojo vivo a 910 grados: Esta es la temperatura que alcanzan los motores durante los ensayos, de 12 horas, previos a su fabricación. Se revolucionan hasta las 6.500 rpm para simular su vida útil en todo tipo de circunstancias. El objetivo es certificar la máxima potencia controlando el consumo y las emisiones.

Del frío ártico a los 45 grados del desierto: Salpicaderos, asientos y volantes, entre otras partes del coche, se ponen a prueba en una cámara climática del Centro Técnico de SEAT. En su interior, las temperaturas oscilan entre los 40 grados bajo cero y los 110 grados positivos. Los prototipos también se testan en condiciones reales de frío y calor. En un punto cercano al Círculo Polar Ártico, se someten a más de 60 análisis, 30.000 kilómetros a  35 grados negativos y un lago helado como pista de circulación. En el otro extremo del planeta, en una zona desértica, a 45 grados centígrados, se realizan pruebas de tracción, de aspiración de polvo y de circulación por gravilla. Con estos ensayos se quiere asegurar la resistencia y funcionalidad de todas las piezas.

Un asiento que alcanza los 40 grados: Los asientos calefactables llegan a esta temperatura en 15 minutos. Para comprobar que la temperatura se distribuye de manera uniforme, se coloca el vehículo en una cámara a -20 grados centígrados y se analiza a través de una cámara termográfica. El objetivo, garantizar el confort del futuro conductor.

¿A qué huele un volante a 60 grados?: El calor ayuda a diferenciar más fácilmente los olores. Por eso un equipo de especialistas del departamento de Calidad de SEAT, calienta el coche por encima de 60 grados para, luego, entrar dentro de él y comprobar cómo huelen los distintos materiales. El objetivo es detectar posibles olores que puedan llegar a resultar desagradables.

A 900 grados para garantizar la durabilidad: Temperaturas altas para testar el vehículo, pero también para producir algunas de las piezas. Para la fabricación de los cambios de marchas, por ejemplo, es necesario fundir 15.000 toneladas de aluminio a 700 grados.

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